martes, diciembre 19, 2006

Ricardo Bocos - Tucumán - Argentina






Plegaria

No hay nada que temer. He tocado fondo.
No puedo caer más bajo que tu corazón.
Marguerite Yourcenar

Un látigo de llamas me azota el corazón.
Sometido a un interrogatorio de deseos
Aprieto mis dientes y me muerdo la lengua
Para decididamente no sentir.
No hablar...
Te había confiado mi amor, mis sueños,
Como a una encubridora con la que podía contar
Sin temor a que escupieras el pasado ante el verdugo.
Así, con el paso del dolor,
El silencio se apropió de mi boca, de mi frente
y guardé dentro de mí, casi distraídamente,
Ese caballo enorme de mi niñez,
un espejo fugitivo sin rostro,
Las miradas que quedaron vacías
Y una corbata colegial a rayas,
Por si la muerte me sorprende
distraído,
lejos
de
tus
manos.


La pérdida

La noche, esa eterna compañera,
Me ha despertado nuevamente
Envuelto en un incendio:
El de mi propia sangre.
Sin mirarla a los ojos
La he intuido como un
Vil aparato de suplicio,
Mostrando su desdicha,
Exhibiendo su miseria.
En este largo insomnio
Solamente pienso que
Desde que te he encontrado
He perdido a Dios.


Juego de azar

Te acariciaba cuando tenía la certeza que estabas dormida,
Y me preguntaba si el amor era capaz de sobrevivir,
Tanto a la guerra como al invierno bajo cero,
Porque participaba de un juego de azar apostando mi
corazón.
No sabía que era una trampas en la que se participaba solo
una vez.
Me pregunté si tenía sentido amar a alguien con la que uno
se despertaría,
por casualidad, sólo algunas mañanas de su vida.
Aún así fui feliz cuando la lluvia salpicaba las ventanas,
O cuando tocaba suavemente mi cuerpo,
porque nadie había experimentado esa pasión por mi.
No había sido previsor como para guardar algo
que me preservase para otra jugada venidera.
¿Será que me gustaba la pasión
porque quería estar entre los desesperados?
Nunca lo supe con certeza
Porque estar con ella era ni siquiera saber quién había dejado
ya de ser.


La mirada

Me era imposible no ver en tu mirada una estrategia amorosa
para hacerme prescindir del Tiempo ausente de placer,
para hacerme sentir que la vida me buscaba,
alada de roces literarios, de genios y hechiceras.
A veces sentía que tu presencia llegaba con airada violencia.
Otras que era una sombra proyectada hacia tus recuerdos.
Pero siempre lo hacía desde el puente de un buque de carga,
amarrado en tu alma, sediento de pasiones.
Parecía venir de un cabaret de variedades decadente y
misterioso,
apoyado en magos y payasos que prometían el cielo,
dando vueltas incansablemente con la melodía de una
canción desconocida.
Llegaba como un paseo matinal de tu mano, sin ansiedades,
por el antiguo cementerio blanco de la memoria,
en una larga noche ocupada por los dos.
Te comparé con una mujer que dice la buenaventura
porque rociaste mi alma con la fosforescencia de las gemas
del Nilo
permitiendo que, por un instante, pudiera dejar los mitos y
las oscuras leyendas,
esos que fueron abolidos por el tiempo,
para sentirme como un viejo artesano que trabaja con el
hierro forjado.
Desde esa noche estoy al rojo vivo, mezclando el pasado con
el presente.
Desde esa noche, no hago otra cosa que impregnarme de tu
mirada.

El duelo

A mis padres

Y uno queda expuesto a los demás.
Cada paso, cada gesto adusto, imitable,
se deshace entre las lágrimas,
mientras el viento nos despeina al final,
cuando la nada va ganando el lugar vacío,
la mirada ausente, el dolor propio.
El universo atrapa los pensamientos
los deglute, los transforma, los deshace,
toman formas de máscaras, de amarguras,
sientan sus espacios en los pentagramas
y se transforman en música de duelo.
Desde hoy ya nada sentiremos igual,
ni la misma pesadez de la muerte,
ni la rabiosa alegría de la risa,
estará la ausencia recordándote,
mientras las nubes deforman los recuerdos.

1 Comments:

At 2:32 p. m., Blogger patricia flores said...

me emociono poner tu nombre en el buscador y que me saliera entre otras esta pag tan bella, perdon si aun es posible

 

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